Templo de San Pablo Apóstol

En la plaza principal se yergue la iglesia de San Pablo, cuya construcción data del siglo XVIII
Historia:
Fray Marcos de Ubieda, uno de los primeros misioneros de San Pablo de los Labradores, “hizo iglesia y dos celditas”, que hacia 1699, con la decadencia de la misión, estaban en ruinas. El gobernador Salinas Varona halló el pueblo desierto y “la iglesia la mitad caída” (febrero de 1706); y ocho años más tarde, en 1714, se habla de “una capilla muy corta y que está arrimada al cerro y en la cañada, donde es combatida de las avenidas en tiempo de las aguas”.

Al hacerse el reparto de solares en ese año de 14, fue señalado lugar para iglesia “enmedio del llano, frontero a la capital vieja, poniendo las puertas de dicha iglesia para donde se pone el sol”.

Este nuevo templo, edificado frente a la plaza, fue de extrema pobreza. Cuando, en 1743, José Fernández Fajardo visitó el lugar por comisión del gobernador don Pedro de Barrio, ordenó el licenciado Lobo, vicario, y al padre cura, fray Esquivel, se hiciese nueva, de piedra. El gobernador fue el primero en aportar cien pesos para iniciar la obra, se levantó una lista de donantes y dispuso que las recuas que llevasen avíos para las haciendas, al volver de vacío trajesen piedras para la obra.

Todo quedó en mero proyecto y buena intención. La iglesia de adobe continuó en igual o peor estado. El gobernador don Vicente Bueno de la Borbolla visitó el valle el 20 de diciembre de 1747, observando que la iglesia “.. .

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no se ha caído por los puntales que mantienen el edificio, dudando se pueda encontrar cosa más lastimosa en todo el cristianismo”.

Las disposiciones de este gobernador fueron efectivas. Nombró como primer mayordomo de la obra a Juan Antonio de Cepeda y en ese mismo mes fue iniciado el templo actual. No cumplido un año de empezado, el primero de septiembre de 1748, habían sido levantadas las paredes “todo en contorno”. Los mayordomos bachiller Luis Lobo Guerrero, Miguel de Escobedo, Cristóbal de Perales, Leandro Francisco Velasco y Martín Elizondo, continuaron la obra, con la lentitud a que obligaba la pobreza del lugar.

Tocó al padre Manuel Fernández de Casaferniza dar remate a la construcción, el 28 de enero de 1801. El último libro de fábrica, que comprende hasta la fecha indicada, menciona a los maestros albañiles Juan Francisco Lobo y José Ignacio Montañez quienes concluyeron la torre. Enlista asimismo a los mozos que laboraron durante largos años.

Bautista Valdés, hizo notables reformas al templo. Construyó el techo de bóvedas, edificó la hermosa cúpula y añadió las columnas de albastro a la fachada, en el lapso de su administración espiritual, comprendido de 1810 a 1816. El Ayuntamiento del lugar certificó esta obra, así como el celo apostólico del padre Valdés como párroco y su abnegación y filantropía durante la epidemia de 1814.

Conserva el templo algunas obras de arte. Especial mención merece el manifestador de plata, en que se expone el Santísimo. En la base dice: “Se acabó a 1o. de junio de 1832. Pesó 32 marcos”. Lamentablemente carece de firma.

El templo de San Pablo de los Labradores, de Galeana, conserva mucho de su antiguo sabor franciscano y es en sí, con todas las reformas materiales que el tiempo ha requerido, el mismo que se iniciara en 1747 por disposición del gobernador del Nuevo Reino de León con Vicente Bueno de la Borbolla.
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